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Fundación Mario toral

Vacíos

Con la premisa de respetar al máximo la vegetación y el paisaje existentes que durante tanto tiempo que durante tanto tiempo han servido de retiro e inspiración al artista, el volumen del museo se excava en la tierra y aparece escondido en su totalidad.

Asociado a él, el referente icónico de la obra: un mural pintado por el artista que, tras adquirir un mínimo grosor, albergará los programas de investigación. Este mismo mural abrirá un surco en el terreno a modo de patio abierto al cielo, que servirá de articulación a los espacios e introduce al usuario gradualmente en el interior de la pieza, fundiéndose con el paisaje.

 

El trabajo plástico que se lleva a cabo al retirar la tierra del volumen que ocupa el museo, tendrá su reflejo en los materiales y las formas que aparecerán en este: unos conos que pasarán a ser los elementos configurativos del espacio final. Casi como piezas esculpidas de un volumen mayor, cada uno de ellos constituirá una unidad diferenciada que solucionará el espacio estético, funcional y estructuralmente, aportando además soluciones para mejorar la iluminación, la ventilación, la conservación de la vegetación y el rendimiento energético.